lunes, 13 de diciembre de 2010

Cuando la realidad supera a la ficción

Una parte de mi trabajo en la librería de la UAM consistía en realizar los pedidos de libros a las distribuidoras, sobre todo los que procedían de encargos, tanto de particulares como de departamentos de la Universidad.

No sé muy bien en qué momento contactó conmigo una clienta griega que enviaba interminables listas con pedidos de obras clasicas de la literatura española o de gramática. Yo tramitaba los encargos y cuando reunía un número suficiente de libros, realizaba el envío por correo postal a su dirección de Atenas.

Con el paso del tiempo, la comunicación epistolar se hizo más frecuente y más personal y los envíos de uno y otro lado empezaron a incluir regalos en fechas señaladas. Poco a poco la relación profesional fue dando paso la personal y sin apenas darnos cuenta, nos habíamos convertido en dos buenas amigas que compartían tristezas como la muerte de su pareja, incertidumbres como mi diagnóstico de cáncer de mama... y alegrías como el nacimiento de Petros, su hijo. 

Habían transcurrido 16 años de amistad y no nos conocíamos personalmente, nuestras miradas no se habían cruzado nunca pero nos sentíamos tan cercanas como dos amigas que se cuentan confidencias a diario.

En el otoño de 2006 fui a ver una obra de teatro que yo no conocía pero alguien me recomendó. Su título era 84 Charing Cross Road y estaba basada en una obra de Helene Hanff que no es exactamente una novela. Es la relación epistolar entre una escritora neoyorkina apasionada por los libros antiguos y un librero de Londres que le envía libros durante más de 20 años. A lo largo de ese tiempo, la relación entre ambos pasa de ser estrictamente comercial a ser de sincera amistad.

La adaptación teatral era de Isabel Coixet y me dejó completamente conmocionada. Estaba viendo sobre el escenario mi propia historia y eso me producía cierto desasosiego y una extraña sensación. Agathí y yo éramos personajes de una obra literaria americana de mediados del siglo XX!!!
 

En ese caso, cuando Helen Hanff pudo viajar a Londres para conocer a su amigo Frank Doel, habían pasado treinta años y el librero había fallecido.

 Al día siguiente de ver la obra y movida por la urgencia, escribí a Agathí para contarle que la literatura tenía recogida nuestra historia incluso antes de que ocurriera y sobre todo para insistir en que nos teníamos que conocer, no debíamos permitir que la vida -caprichosa a veces- pudiera impedir que algún día nos fundieramos en un sincero abrazo.

Aún tuvieron que pasar un par de años, pero en febrero de 2008 Agathí me anunció que vendría a Madrid. Ella es escritora, poeta, traductora, dramaturga e infinidad de cosas más. En ese momento estaba haciendo una traducción de El Quijote y necesitaba venir a España para buscar documentación e inspiración que le ayudase en su trabajo. 

El encuentro fue tan emotivo, que las personas que lo presenciaron lloraron con nosotras. Al fin nos conocíamos... frente a frente dos almas amigas, viejas conocidas de vida que jamás se habían visto... fue un momento inolvidable y conmovedor.

Pese a su insistencia en alojarse en un hotel, no lo permití. Mi casa es su casa y quería que se quedara conmigo y charlar sobre las cosas que nos habían unido durante tantos años. Pudo conocer a parte de mi familia y a mis amigas Clara y Herminia.

Le hacía especial ilusión conocer Toledo y Clara nos abrió las puertas de su casa. Bueno, no sólo nos dió alojamiento, también organizó un fin de semana perfecto que Agathí guarda en su recuerdo como un preciado tesoro.

A día de hoy, después de más de 20 años, nuestra relación sigue intacta y siempre que hablamos me recuerda que el próximo encuentro deberá ser en Atenas y le gustaría que fuera con Clara y Herminia.

Esta es una de las historias mágicas de mi vida, historia que nos ha convertido en personajes literarios, una más de las muchas que he tenido la fortuna de vivir y que han puesto en mi camino personas tan especiales como Agathí Dimitrouka.

6 comentarios:

  1. Si, hay experiencias de vida que parecen cobrar una dimensión distinta al escribirlas, podrían ser historias literarias, pura ficción...pero son reales, son páginas de mi vida y pedacitos de mi persona...cada una de ellas, cada uno de vosotros ha forjado lo que soy...con todo lo bueno y todo lo malo.

    ResponderEliminar
  2. A mi me encanta, me apasiona y me alegra que alguién como tu me cuente estas historias que tanto me gustan y que tanto me apasionan, ¡¡pero que suerte tengo de que esto llegue a mis manos¡¡ Feliz Año 2011 Concha

    ResponderEliminar
  3. Estoy totalmente sorprendida, he descubierto una Concha fascinante, me encanta como escribes. No dejo de preguntarme, cómo es posible que con los años que nos conocemos y los viajes que hemos compartido, no conociera esta faceta tuya. Un besazo.

    ResponderEliminar
  4. Me alegra que os guste el blog. Es una buena manera de compartir con vosotros algunas pinceladas de mi persona, por eso me encanta que dejéis comentarios...aunque no dejan de darme cierto pudor vuestros halagos. Gracias a vosotras por leerme. Besos.

    ResponderEliminar
  5. Me consta que Agathí leyó esta entrada del blog y envió un correo con estas palabras:

    "Concha, querida, queridisima
    Concha, guapa, guapisima,
    que maravillas haces con tus manos?
    Y de que modo emocionante escribes!
    Espero tu libro muy pronto.
    Te agradezco lo que escibes sobre nuestra amistad, me ha emocionado
    y en verdad os espero en Atenas y por toda Grecia
    a ti principalmente como una princesa que eres y a Clara y a Herminia, las dos chicas de Toledo que es como una isla en el cielo,
    la ciudad celestial de mi alma."

    ResponderEliminar