martes, 24 de agosto de 2010

Terremotos emocionales

Hace tiempo prometí contar cual fue la primera vez que el destino se adelantó a mis intenciones dando un brusco giro a mi vida  y cambiando para siempre el rumbo de mis pasos.

Todo empezó un puente de mayo de 1998.

Por aquel entonces, siempre que iba a Málaga, Pili me acogía en su casa con una generosidad sin límites. Compartíamos días de playa, interminables noches de fiesta, risas y confidencias. Pero esta vez el viaje tenía otro objetivo: reflexionar sobre la situación que vivía y tomar una decisión que pusiera fin a ese sentimiento de frustración que apenas me dejaba respirar.

Varios años atrás había empezado una relación sentimental con un compañero de trabajo y lo que surgió como un juego en el que los dos nos sentíamos cómodos, fue enredándose y cobrando un cariz de establilidad, pero ni la complicidad ni el tiempo juntos conseguían arrancar de mí una constante sensación de insatisfacción.

El hecho de que el trabajo y el corazón estuvieran en el mismo espacio y tan estrechamente ligados, no ayudaba en absoluto a mitigar esa sensación ya que, ante un momento delicado en nuestra situación laboral, habíamos adoptado posiciones opuestas, cuestión que generaba continuas discusiones que fueron minando la relación.

Me sentía frustrada en una relación estancada desde hacía tiempo y frustrada en un trabajo que se había convertido en el mismísimo infierno por culpa de un jefe incompetente a quien – en un arrebato de noaguantomás- dije lo que pensaba de su gestión.

Estaba muy enamorada y sabía que poner fin a la relación sería difícil si teníamos que seguir trabajando juntos. La solución definitiva pasaba por dejar también el trabajo... pero hacerlo de manera voluntaria, después de más de diez años en la librería, era una decisión difícil de tomar.

Ese puente en Málaga reflexioné sobre la situación, analicé pros y contras, busqué señales en cada rincón de mi corazón y de mi cerebro que me indicaran la decisión acertada. Podía sentir el trasiego de las neuronas hiperactivas calentándose hasta prender fuego en mi cabeza.

Y así, agotada y feliz volví a mi vida con la decisión tomada de empezar las despedidas. Me había fijado el mes de octubre como límite para cerrar esa etapa de mi vida.

Lo primero que iba a hacer sería ir a Espasa Calpe a ver a Charo, por aquel entonces directora de la Casa del Libro. Qué curioso!, cuando se hizo con la concesión administrativa de la librería de la UAM la empresa que trajo al jefe incompetente, Charo me ofreció irme con ella a Espasa Calpe y decliné la oferta.

Como he dicho antes, estaba enamorada pero no tan ciega como para ver que esa relación no llegaría lejos. Ese verano fuimos de vacaciones a Asturias y disfruté de ellas consciente del aroma a despedida que tenía cada instante.

 
Justo a la vuelta, la vida decidió sacar el as que guardaba en la manga y darme un brutal revolcón.

Una calurosa mañana de verano, en la librería anunciaron el despido de varias personas entre las que me encontraba yo. El primer paso estaba dado y lo había dado el destino por mí, como si dudara de mi capacidad para hacerlo por iniciativa propia.

Esa mañana del mes de julio, un fiero terremoto se instaló en mi vida sacudiéndola duramente, sin darme un segundo para ponerme en pié o fijar la vista en un punto que me sirviera de referencia.

Pocos días después me fue diagnosticado un cáncer de mama.

Aunque la ruptura en la relación tenía fecha de caducidad antes de todo esto, en esos momentos me agarraba a él como a un madero en mitad del naufragio...
Pero llegó el momento en el que tuve que decidir concentrar todas mis fuerzas y dedicar su energía a afrontar los duros momentos que habrían de llegar con la operación y el posterior tratamiento de quimioterapia y radioterapia que finalmente supusieron un paréntesis de un año en mi vida.

Solté amarras y le dejé marchar en medio de un horizonte desolador. Sabía que era lo mejor para ambos y lo mejor para mi supervivencia, pero también suponía otro dolor añadido a los muchos que soportaba en ese momento.

Me veía a mí misma haciendo equilibrios sobre un palillo. Habían desaparecido de golpe bajo mis piés los pilares de la estabilidad (el trabajo, la salud, el amor...) dejándome con el único pero firme apoyo de mi familia y amigos que me prestaron sus fuerzas para caminar cuando no me tenía en pié, me abrieron las puertas de su casa cuando tuve que cerrar la mía, permanecieron junto a mi cama largas noches en vela, venían a visitarme en el destierro y me brindaron la navidad más divertida que viví jamás.

En cada palabra y en cada beso, todos ellos fueron modelando la persona que nació después, fuerte y transformada como la hierba tras las heladas del invierno. Ahora soy un poco de cada uno de vosotros, agradezco a la vida que os pusiera en mi camino y le pido que la siguiente etapa que tenga que cerrar, sea con una transición más dulce.

Salí del hospital el 14 de octubre, el 20 se celebró el juicio por el despido y a final de mes él se había marchado  diciendo que no soportaba verme sufrir... el destino había respetado los plazos y abría ante mí las puertas de una nueva vida que empezaba más ligera de equipaje.

6 comentarios:

  1. He pasado por este escrito como 3 o 4 veces... una de ellas muy atenta a tu dia siguiente... ahora he vuelto y hay una fotico... huellas.. huellas... mar....
    Yo en esta semana cumplo 10 años de un “terremoto”.., del terremoto causado por la muerte de mi padre hace ya una década aunque es difícil decirlo, un punto y aparte como ese generó otra Ileana que es la que soy hoy...,
    Estos terremotos, inexplicables... llenos de cambios.. de tantas cosas que forzosamente te hacen caer en otro mundo... o sencillamente mirarlo de otra manera...
    Te he conocido “fuerte y transformada” como bien dices... :¬) Recuerdo mi primera impresión al verte, te vi como una Hada... en ese momento no lo entendí... luego las estrellitas siempre han saltado de tu barita...

    Brindemos por transiciones mas dulces! Salud!

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  2. La vida con sus lecciones no va haciendo sabias...
    Sin duda -querida- me ves como hada porque me quieres...
    Gracias por esas hermosas palabras y sobre todo por estar y ser... ser amiga, compañera, confidente...

    Un brindis por todo ello...Salud!

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  3. Concha nos conocimos mucho antes de esos acontecimientos que hicieron temblar tu vida, nos distanciamos en el espacio pero no en el afecto y te reencontré casi al final de todo ello. Puede que salieras fortalecida de esos amargos momentos, pero la Concha de 18 años que yo conocí estaba allí, tú siempre has sido fuerte, íntegra y una estupenda persona, lo que pasa que hasta ese momento no tuviste que defenderte de tanto dolor.

    Un besazo
    Sole

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  4. Mi querida Sole, a punto de cumplirse los 30 años de amistad con sus momentos buenos y malos para ambas, creo que podemos asegurar que nos separará el tiempo y la distancia o el devenir de la vida cotidiana, pero el afecto permanece intacto. Sabes lo mucho que te quiero.

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  5. ...es cierto.....la barita, la magia...y sentir a su lado, que todo es fácil..que todo es posible...

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  6. Gracias también a tí "anónimo" por tus palabras, aunque no pone tu nombre, no hay duda de que me quieres y ya se sabe que el amor es ciego. un beso.

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